Por: Carlos SĂĄnchez Berzain.
Los regĂmenes que oprimen Cuba, Venezuela y Nicaragua se mantienen en el poder por el uso de la fuerza y con la simulaciĂłn de presentarse como gobiernos de estados cuya institucionalidad han reemplazado por un sistema delictivo y de impunidad. El castrochavismo ha suplantado el objeto y la lealtad de las Fuerzas Armadas e impostado el principio de subordinaciĂłn al poder constitucional civil convirtiendo la “InstituciĂłn Fundamental de la Patria” en grupos delictivos irregulares que en lugar de proteger al pueblo lo amenazan y someten.
Las Fuerzas Armadas son parte esencial de la institucionalidad de la democracia porque en el marco el “estado de derecho” tienen la misiĂłn de la defensa de la soberanĂa y la seguridad nacionales. La subordinaciĂłn de las Fuerzas Armadas es a la ConstituciĂłn y la ley, no al gobierno y menos a un rĂ©gimen. Si este propĂłsito no se cumple, la eliminaciĂłn de las Fuerzas Armadas como en Costa Rica se presentarĂa como una opciĂłn para la salud de la democracia.
AsĂ como la penetraciĂłn del castrochavismo estĂĄ fundada en la destrucciĂłn del sistema polĂtico por medio de la satanizaciĂłn y desprestigio de partidos y lĂderes polĂticos, su sistema de propaganda ha establecido la idea de paralizaciĂłn o inacciĂłn de las Fuerzas Armadas frente a los atropellos a la ConstituciĂłn y la destrucciĂłn de la democracia.
Con la exacerbaciĂłn de las dictaduras militares que se dieron en AmĂ©rica Latina en el siglo pasado, el castrochavismo ha logrado neutralizar y anular las obligaciones constitucionales de las Fuerzas Armadas, intervenirlas y destrozar su institucionalidad en los paĂses donde ha instalado sus dictaduras. La destrucciĂłn de la institucionalidad democrĂĄtica de las Fuerzas Armadas aplicando el modelo castro/fascista de control y manipulaciĂłn, es fundamental para dejar a los pueblos desprovistos de la protecciĂłn, de defensa de la democracia y la soberanĂa.
Las fuerzas armadas de Cuba, Venezuela y Nicaragua no son instituciones nacionales, son instrumentos del rĂ©gimen dictatorial para sostener a toda costa a los detentadores del poder. No tienen ningĂșn fundamento de institucionalidad ni de legalidad, estĂĄn al margen del estado de derecho y han sido incorporadas como elementos activos de la delincuencia organizada trasnacional que es el castrochavismo. Son simples y peligrosos grupos armados del rĂ©gimen que usurpan el rol fundamental de las Fuerzas Armadas de la NaciĂłn.
En Cuba y Nicaragua, por el tiempo de penetraciĂłn y la naturaleza de su implementaciĂłn, es improbable pero no imposible que entre los miembros de los grupos irregulares que se denominan Fuerzas Armadas existan militares de honor con sentido de su obligaciĂłn a la Patria y no al rĂ©gimen. En Venezuela es absolutamente seguro que en los niveles intermedios con formaciĂłn democrĂĄtica anterior al castrochavismo, existen militares en el sentido democrĂĄtico y profesional del concepto, pero que estĂĄn sometidos y controlados por la metodologĂa de Cuba. Muchos de los verdaderos militares venezolanos yacen muertos, presos polĂticos, torturados y perseguidos por la usurpaciĂłn criminal que ocupa su paĂs.
Esta situaciĂłn debe ser objeto de alarma y acciĂłn por los gobiernos democrĂĄticos y las instituciones militares de las democracias de las AmĂ©ricas que estĂĄn bajo el acoso y la amenaza del castrochavismo. Las Fuerzas Armadas institucionales, las de la democracia, del estado de derecho -las de verdad- son la Ășltima defensa de la libertad de los pueblos frente a la agresiĂłn de la delincuencia organizada transnacional que con disfraz de populismo, progresismo, izquierda, globalismo, antiimperialismo u otro, conspira para destrozar el sistema e instalar narcoestados.
Las Fuerzas Armadas no pueden participar en polĂtica, pero esto no alcanza a permitir que con la etiqueta de polĂtica se destroce la institucionalidad nacional, se suplante la ConstituciĂłn, se intervenga el paĂs, se termine con la soberanĂa y se someta al pueblo a condiciones de hambre, miseria y esclavitud. Este es el lĂmite, el punto de quiebre -muy claro- que los militares de la democracia deben evaluar y respetar para cumplir sus obligaciones de defensa de la soberanĂa, la seguridad de su pueblo y de su Patria en el marco del estado de derecho.
La realidad objetiva de Venezuela muestra la abierta falsificaciĂłn de la institucionalidad militar convirtiendo las Fuerzas Armadas en grupos delictivos irregulares, integrados al sistema castrochavista de crimen organizado. En estas condiciones los militares venezolanos estĂĄn en la disyuntiva de quedar integrados a la delincuencia por acciĂłn o por omisiĂłn, o cumplir con el deber de defensa de su Patria sin excusa de condiciones ni circunstancias.
OPINIĂN Y ANĂLISIS.
ANN NOTICIAS.
